Hace ya bastante tiempo que me pidieron este artículo sobre
Inglaterra. Una buena sección para una callosina que sueña con tener alas y
echar a volar. Aunque al final siempre vuelves al nido.
Ya han sido varias veces las que me he escapado en verano
para visitar a los dueños del Big Ben; siempre experiencias diferentes -claro
está- y recomendables sobremanera. La principal pregunta: ¿qué diferencias se
encuentran? Miles cuando se compara un pueblo como este con una ciudad inglesa.
| María Sánchez, callosina, ha disfrutado de varias experiencias en Reino Unido |
La comida, los horarios, la libertad, las tiendas, las
gentes (al final hablas más otros idiomas que el propio inglés), las
costumbres... qué se yo, la vida en general. No creo que una experiencia así
merezca una explicación escrita, es mejor vivir las cosas a leerlas. No
obstante, yo lo resumiría todo en un viaje a un país lleno de rarezas, donde en
el fondo echas de menos un espacio conocido -y sin moquetas-, alguien a quien
saludar cuando paseas o una simple comida de la abuela (porque la comida basura
se convierte en tu forma de vida, a no ser que
quieras degustar los tan peculiares platos ingleses -siempre me ha hecho
gracia cómo al final la gente rezaba por un plato de costra-).
Y así lo describiría yo, algo diferente, pero no
recomendable, sino obligatorio para cualquiera que tenga la oportunidad de
salir de aquí. Supongo que así, volando un poco fuera del nido, aprendemos a
apreciar lo que vivimos a diario, a apreciar Callosa.
* Experiencia narrada en primera persona por María Sánchez Estañ, estudiante de Traducción e Interpretación de Inglés en Murcia; y callosina de pies a cabeza.